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miércoles, 17 de diciembre de 2014

El accidente

Desde que Pintxo empezó a ponerse de pie, siempre me ha parecido que es bastante precavido. Empezó relativamente pronto andar y correr pero le gusta ir sobre seguro. Es de los que paran, miran, analizan y ante la duda miran a su madre a ver que cara pone, aunque es innegable que le chiflan las alturas y superar barreras arquitectónicas. Es de los que cuando va en moto evita la rampa para subir o bajar por el escalón, y de los que cuando encuentra una buena altura se puede pasar horas subiendo y saltando, una y otra vez.

Pintxo con sus amigas las cabras este verano

El otro día pasábamos por su plaza favorita, con bancos y escalones de piedra de diferentes alturas donde puede pasarse la tarde soltando adrenalina sin parar. Pero esta vez tropezó con un escalón y fue a aterrizar con su frente contra otro. En un primer momento pensé que se trataría, como otras veces, de un coscorrón, pero no, se dio con el canto y se abrió un señor boquete en toda la frente.

En ese momento me vi como una tonta en mitad de una plaza con un niño berreando en brazos sin saber a dónde ir. La herida era demasiado grande como para irme a casa sin más, y no se me ocurría ninguna solución inmediata. Menos mal que vivir en un pueblo tiene sus ventajas, cuatro hombres que había en la plaza me echaron una mano y se les encendieron las bombillas que a mí no me funcionaban. Lo más cercano y rápido era llamar a los chicos de las ambulancias que tienen su garita a escasos metros de donde estábamos. Vinieron enseguida y nos atendieron dentro de la ambulancia. Para mi sorpresa (y alivio) la cabezota de Pintxo no sangraba apenas aunque la brecha que lucía era del tamaño de una canica de las gordas.

Una vez puesto el vendaje provisional nos mandaron al hospital para terminar de cerrar la herida. Le pusieron una anestesia local en forma de gel que cuando empezó a hacerle efecto enseguida notamos que recobraba el humor incluso las ganas de comerse la gominola que llevaba media hora apachurrada en su mano. Al cabo de una rato nos llevaron a la sala de trauma, lo tumbamos en la camilla y las enfermeras lo envolvieron en una sábana tal y como nosotros lo hacíamos cuando era recién nacido (esto me enterneció, me trajo buenos recuerdos) la diferencia es que esta vez se retorcía y gritaba como un poseso. Lo inmovilizaron entre tres, una enfermera la cabeza, otra el tronco y mi marido, que ya se había unido a la fiesta, las piernas. Y no dejaron sitio para mí. Yo le tocaba la tripita para intentar tranquilizarle y le daba ánimos que apenas se podían oír entre sus llantos. No sé si el rato llegó a los 5 minutos pero creo que a todos se nos hizo eterno, el médico le dio tres puntadas de hilo de nylon y por fin volví a ver aquella frente cerrada, el suplicio había terminado.

Cuando salimos de la sala la gente en los pasillos y la recepción miraban horrorizados e intrigados queriendo poner rostro a aquellos sollozos. Hay que decir que es un hospital comarcal, pequeñito, donde normalmente reina el silencio y la calma. Y ahora que lo escribo, esto me trae recuerdos de hace dos años y pico, en el mismo hospital pero diferente planta, cuando la que gritaba como un animal era yo en la sala de partos. Ay si las paredes hablaran....

De esta experiencia saco dos conclusiones:

1. Que en momentos de pánico no valgo un duro. Creo que debería hacerme una lista con los pasos a dar en caso de este tipo de accidentes. Ni siquiera se me ocurrió que podría llamar al 112.

Y 2. Que cuando somos niños es cuando realmente vivimos el momento, EL PRESENTE, que los niños viven como si no hubiera ni ayer y mañana.

Cuando Pintxo se pegó el castañazo lloró con toda su alma, y no digamos cuando le cosieron. Sufrió como nunca antes en su corta vida y suplicaba marcharse como si pensara que aquello nunca se iba a acabar. Cuando todo terminó en cambio, y al día siguiente, ya estaba como si nada hubiera pasado, sigue saltando y haciendo el ganso exactamente igual que lo hacía antes de abrirse la cabeza.

Lo cual me lleva a una tercera conclusión:

Que este castañazo ha sido el primero serio, pero me temo que no el último, porque no creo haya escarmentado, es más, creo que ya ni siquiera se acuerda.

jueves, 30 de octubre de 2014

Recuperando el tiempo perdido

Esta última semana está siendo productiva para mí porque he podido llevar a cabo varias manualidades que tenía ganas de hacer desde hace tiempo. 
Había comprado hacía unas semanas pintura chalk paint, que tan de moda está, y tenía en mente unas cosillas que decorar con ella. He de decir que me ha gustado el resultado pero que la pintura en sí no me parece taaaaan la bomba como había leído por ahí, creo que con una pintura acrílica hubiera conseguido un resultado parecido, pero es que el color mint me tenía robado el corazón. A lo mejor también es cierto que necesito algún cursillo para aprender todas las virtudes de la chalk paint.

En primer lugar quería pintar una pequeña banqueta que mi marido, en sus años mozos de aprendiz, había construído. Una banqueta que estaba llena de chorretones de pintura y suciedad varia que hice desaparecer con un buen lijado. La idea del dibujo geométrico lo cogí de aquí y me puse manos a la obra.  La verdad que fue muy sencillo y el resultado muy satisfactorio. Ahora Pintxo ya llega al lavabo y puede lavarse las manos con comodidad sin tener que sujetarle yo a pulso.
El mismo día que me puse a trabajar con la banqueta me llegó un pedido en una caja de madera que pedía a gritos ser reconvertida en alguna otra cosa bonita y se me ocurrió pintarla con chalk paint y utilizarla como marco para fotos. Según la estaba pintando me apeteció decorar el marco con chorradas que tengo por casa y acabé haciendo una especie de diorama del estilo de los que vi en Tea on the moon que son una maravilla. El resultado fue éste y aunque me gusta más a mí que a Pintxo ya lo tenemos colgado en la pared de su habitación.


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miércoles, 15 de octubre de 2014

Remedios para la tos

Recuerdo que cuando era pequeña y llegaba el invierno nos cogíamos los catarros pertinentes que nos hacían moquear y toser sin parar. Cuando la tos nos daba mucho la lata mi madre nos daba jarabe que sabía a gominolas y a mí me encantaba. Mi hermano cogía muchos más catarros que yo y la tos le duraba mucho más y se atiborraba a jarabes que apenas le hacían efecto pero que a mí me daba envidia e incluso me tomaba algún que otro trago innecesario.

Años después, a mi hermano su dentadura le ha ido dando problemas y digamos que sus dientes no le han salido de muy buena calidad. Entonces mi madre empezó a sospechar que tal vez tantos jarabes de pequeño habrían podido dañarle la dentadura.

Ahora con Pintxo he podido comprobar que ya los médicos no recomiendan tomar estos jarabes que tan de moda estaban, por lo menos en los 80, y que ahora el remedio que te dan para la tos es ajo y agua, es decir, a joderse y a aguantarse.

El pobre Pintxo lleva por lo menos un mes con una tos que va variando en cuanto a sonido pero que no se va ni a tiros. Y claro, si ya no hay jarabes tenemos que ingeniárnoslas con los remedios caseros de toda la vida, el problema es que no nos sabemos muchos. Cada noche le damos un poquito de miel para suavizar la garganta y después le ponemos cebolla en la habitación. Al principio la cebolla parecía milagrosa, a pesar del tufo que le deja en la habitación, pero estas últimas noches ha vuelto la serenata y cuando le da el ataque me tiene en vilo porque parece que va a terminar vomitando.

En fin, que si alguien conoce un truco eficaz, baratito y legal que lo vaya rulando!


Ilustración de octubre sacada del libro "Von lustigen Wichten zwölf kleine Geschichten"


miércoles, 8 de octubre de 2014

El dilema del hijo único

Ahora que Pintxo ha cumplido dos años me empieza a rondar por la cabeza el dilema del hijo único. Ahora que algunas de las chicas que estuvieron embarazadas a la vez que yo vuelven a estarlo por segunda vez,  y alguna incluso ya ha parido, hace que me replantee la idea de no tener más hijos.

He contado ya alguna vez que ya estando embarazada tenía la sensación de que ese embarazo iba a ser el único que iba a vivir en mi vida y por eso lo disfruté tanto y tengo un recuerdo maravilloso de aquellos 9 meses.

Cuando salí del paritorio sentencié que no volverían a verme el pelo por allí nunca más y en la época de recién nacido de Pintxo no me cabía duda de que no volvería a pasar por todo eso otra vez.

Pero claro, todo eso pasa, el tiempo cura muy bien las heridas y hace que olvidemos muchos malos ratos y una, aunque 23 horas al día parezca un ogro desalmado, pues también tiene su corazoncito y al ver una embarazada se enternece y siente, aunque sea por una microcentésima de segundo, un poquito de envidia. Claro que este sentimiento se esfuma en cuanto me vienen a la cabeza todos los recuerdos de las noches en vela y el agotamiento extremo, pero aún así hace que me replantee el asunto.

Si no tengo más hijos Pintxo será hijo único, obvio. Pero también hay muchas probabilidades de que sea nieto único, ya que sus dos tíos no parece que vayan a procrear, y por tanto será también sobrino único. ¿No será demasiado único el pobre? Ya me estoy viendo en las cenas de Navidad a las diez en la cama, aunque esto realmente es un punto a favor.

Nuestra casa no se parecerá en nada a la de La tribu de los Brady y por muy divertido que parezca crecer y vivir en una casa así, yo no estoy capacitada para asumir semejante papel de madre.

Admiro profundamente a las mujeres que repiten maternidad, me parece una proeza, y no digamos a las madres de familias numerosas, a las que repiten una y otra vez. Pongamos como ejemplo a las blogeras La Madre Tigre con sus 5 fieras, la Mamá española en Alemania con 4 hijos o la americana Love Taza embarazada del tercero viviendo en la frenética Nueva York.

A menudo escucho que muchas mujeres se lanzan a por el segundo hijo bajo el pretexto de no dejar solo a primero, para que tenga compañía. Ésta puede que sea una buena razón, pero a mí no me es suficiente. Puede que parezca egoísta pero con esto de la maternidad he llegado a la conclusión de que lo realmente egoísta es decidir tener hijos, y me explico. Que se sepa aquí nadie pide nacer, es decir, nos traen al mundo y lo deciden por nosotros. Ahora bien, esa decisión, a priori egoísta, de una pareja que desea formar una familia tendrá que ser compensada con infinitas dosis de generosidad y sacrificio para satisfacer, en medida de lo posible, las exigencias de sus vástagos. Por tanto el toma y daca queda compensado.

A mí me da que lo que nos pasa es que nos da pena ver lo rápido que crecen nuestros pequeños y que entra la nostalgia al retirar esas ropitas que se van quedando pequeñas y que es entonces cuando una especie de enajenación mental transitoria hace que nos lancemos otra vez en busca de otro cachorro.

Yo de momento lo tengo claro, lo más conveniente y sensato para nosotros es quedarnos como estamos, espero que si alguna vez me atrapa la enajenación lo haga mientras la tía doña Regla está de visita. Por si acaso no voy a decir aquello de "de este agua no beberé".


domingo, 28 de septiembre de 2014

Tercera semana en la escuela. ¿Se habrá acabado la adaptación?

Esta semana empezó francamente mal en la escuela. El lunes por la mañana el pasillo de los más pequeños era un auténtico pasillo del terror. No se oían más que gritos y llantos de niños que no querías separarse de sus familiares. El mío no era una excepción, por supuesto. Las madres, padres, tías y demás iban dejando a sus pequeños en clase mientras éstos no hacían otra cosa que amontonarse junto a la puerta entre gritos de desesperación.

Yo aguantaba el chaparrón con Pintxo en mis brazos intentado convencerle de que se lo iba a pasar pipa allí dentro (donde tantos niños lloraban), que iban a cantar, bailar y comer galleta, pero al acercarnos a la puerta se volvía a agarrar a mi cuello como un poseso.

Después de una hora en el pasillo solo quedábamos las dos últimas madres cobardes de siempre hasta que la profesora salió a llevárselos, primero al otro y después al mío. Fue como depilarse con cera, dolió el tirón pero fue mejor hacerlo rápido y sin tiempo para despedidas.

El martes fue con mi madre, yo tenía un compromiso, y le advertí del drama que allí iba a vivir, pero una vez más, como no es lo mismo contarlo que vivirlo, la pobre abuela salió traumatizada.

El miércoles llegábamos un poco tarde y ya no había casi nadie en el pasillo, y dentro de la clase también se notaba el ambiente más calmado, aún así Pintxo se quedó llorando. El jueves más de lo mismo, esta vez entré en clase para dejarlo, éramos los últimos y aunque  se quedó llorando le noté más tranquilo que en días anteriores. Este día al ir a recogerlo la profesora me dijo que había estado muy bien, muy tranquilo y que incluso había arañado a un compañero en el patio. ¡Vaya hombre! Una de cal y una de arena.

El viernes no le pude llevar porque fuimos al médico así que no sé como hubiera acabado la semana pero parece que ya va cogiendo confianza. Se supone que ya ha acabado el periodo de adaptación, así que espero que la dinámica de entrar en clase se agilice y que todos vayamos felices y comamos perdices.

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sábado, 20 de septiembre de 2014

Segunda semana en la escuela. De mal en peor...

La semana pasada os contaba como a Pintxo le había llegado la hora de empezar el cole y que en esta nueva hazaña yo le iba a acompañar hasta donde pudiera.


Esta semana le tocaba ir con su cuidadora y yo, inocente de mí, pensé que iba a ser mejor porque siempre había oído que cuando van con la madre lloran y dramatizan más. Pues bueno, a mi hijo le da igual con quien ir, el caso es que no le gusta su clase, no le gusta la profesora y al parecer no quiere conocer a sus compañeros, vamos que no quiere cruzar el umbral de la puerta por nada del mundo. Se agarra como una lapa a una roca, como un coala a un árbol y al intentar ponerle en el suelo levanta las piernas como si fuera el mismísimo infierno lo que tuviera debajo.

El jueves me habían pedido un cambio de turno en el trabajo así que, tenía la mañana libre y por tanto, le llevé yo a la escuela. Desde que se levantó parecía conforme con el plan, no mostró en ningún momento desacuerdo con el hecho de que fuéramos al cole, pero fue llegar a la puerta de clase y mi hijo se convirtió en ventosa y no podía separarlo de mí.

A través de la ventana de la puerta mirábamos a sus compañeros cómo se divertían dentro, y se pegaban también, todo hay que decirlo, pero parece que ha Pintxo no le atraía nada de lo que veía allí. Para él el mejor de los planes era irnos por donde habíamos venido.

Nos queda una semana más de adaptación y visto el éxito obtenido me da que la cuarta semana se va a tener que quedar así, a las bravas, en contra de su voluntad, a todo llorar...

Que la fuerza me acompañe...

jueves, 18 de septiembre de 2014

Días de viento sur


Finales de septiembre y el otoño es, sin duda, mi época favorita del año. El verano me gusta por sus días largos y su luz pero aquí, en el norte, el buen tiempo no está asegurado y a veces el verano resulta decepcionante. Es lo que me ha ocurrido este año, se me han pasado julio y agosto esperando esos días soleados y calurosos que hasta que ha llegado septiembre no han aparecido. Septiembre nunca decepciona por aquí... con sus playas medio vacías, despejadas de toldos y sombrillas, y la tranquilidad que se respira en general.

Siempre me han gustado los días de viento sur como los que nos acompañan estos últimos días con su ambiente seco y cálido que invitan a prolongar el rato de terraceo o a dar una última vuelta antes de ir a casa. De aquí y hasta final de año seguro que tenemos muchos días como estos para disfrutar, una pequeña prolongación de verano para aquellos que no lo hemos tenido...

La playa en un cálido atardecer



Gran tormenta de verano

domingo, 14 de septiembre de 2014

La primera semana en la escuela

El pasado lunes fue para Pintxo, como para muchos escolares,  el primer día de cole de su vida.

Este es su primer trabajo de la escuela, donde deduzco que tan solo el garabato naranja es obra suya, pero no importa, el orgullo es máximo igualmente

Mucho han cambiado las cosas desde que yo pasé por esa misma situación. Para empezar, Pintxo tiene un año menos de los que yo tenía cuando empecé. El comienzo va poquito a poco, 45 minutos cada día y lo mejor de todo (sobre todo para él) es que su madre está ahí para acompañarle en este "trance".

El comentario más oído en los pasillos por parte de los padres es que el periodo de adaptación es un rollo y que en nuestros tiempos nos dejaban allí desde el primer día y que no nos ha pasado nada. Vale, de acuerdo, no nos ha pasado nada, pero que quieres que te diga, yo me alegro de poder acompañar a mi pequeño en estos días y de poder conocer bien la clase, las profesoras y ver como se comporta y se desenvuelve mi hijo cuando yo no estoy delante.

Hemos pasado la semana 1, y nos quedan otras 2 por delante. De momento vamos como en la montaña rusa, un día bien otro regular. Y es que lo que le pasa a Pintxo es que a los 20 minutos de estar allí se aburre y ya quiere cambiar de sitio, sale de clase y se quiere ir a otra parte.

De momento mañana irá con su cuidadora y veremos si eso que dicen de que con la madre es cuando más les cuesta quedarse alli se cumple o no. Crucemos los dedos...

miércoles, 27 de agosto de 2014

Madre a media jornada

Mi trabajo (llamémosle Trabajo A), el remunerado, el que hago fuera de casa, suele ser a turnos, una semana de mañanas  y otra de tardes. Esto implica que mi otro trabajo, el de Madre (el que llamaremos Trabajo B) varíe según el turno que me toque en el A.



Cuando voy al Trabajo A por la mañana tengo que madrugar un montón. El trabajo es tranquilo y el horario bueno pero cuando llego a casa a las 15:00 me espera un pequeño saltamontes rebosante de energía que recibe a su madre muerta de sueño y de hambre entre saltos, brincos y gritos de emoción. Todo eso, por supuesto, me llena de orgullo y satisfacción pero ese momento no es más que el comienzo de una larga tarde de actividades interminables.

Lo primero que debo hacer nada más llegar es comer, comida que haya tenido que dejar prepara la noche anterior, de lo contrario la integridad física de mi pequeño correría peligro, con esos tiernos bracitos y esas orejitas tan apetecibles... Después, cuando las personas "sinhijos" se echan un rato en el sofá, tengo que empezar a preparar la merienda, poner alguna lavadora o adecentar un poco la casa. Todo esto, claro, con la inseparable compañía de mi cachorrito que hace que las tareas que una persona sola hace en media hora a mi me cueste hora y media, porque muchas veces él va deshaciendo lo que yo voy haciendo. No digo que lo haga por fastidiar, no, es solo para hacerlo más divertido, sobre todo para él!

Después hay que salir a la calle, ritual que nos cuesta 45 minutos porque no quiere ponerse los pantalones ni los zapatos y además tenemos el tira y afloja para sacar el juguete de turno, a cada cual más aparatoso.

Al final del día estoy tan exhausta que solo deseo meterme en la cama y que las horas no pasen para que no vuelva a sonar el despertador.

Sin embargo, cuando me toca el turno de tarde, mi Trabajo A sigue siendo la jornada completa pero el Trabajo B se reduce bastante. Para empezar duermo unas dos horas más por la mañana, mi despertador suena a la voz de Amaaaaaa!!!!! Me pongo en pie cual soldado al toque de diana y voy en busca de mi bebé, ya grandote, que me abraza y huele rico-rico. Me tomo mi tiempo para desayunar y acto seguido empieza el ajetreo porque para las 12:30 tengo que salir de casa ya comida y todo. Reconozco que las dos horas anteriores a salir de casa son un poco estresantes porque debo preparar comidas, hacer recados y entretener al peque, pero una vez me siento en el tren, el resto del día es solo para mí. Durante el trayecto puedo leer, escuchar música, mirar por la ventana o simplemente no hacer nada.

Para cuando vuelvo a casa ya es tarde, de noche, y me encuentro una casa tranquila y silenciosa donde hay un marido cansado y estresado pero que la mayoría de las veces me tiene la cena preparada. ¿Qué más puedo pedir? Sí, vale, estoy poco tiempo con mi hijo, pero tengo tiempo de sobra para recuperarlo porque, como ya conté una vez, trabajo a temporadas. Desde que soy madre el turno de tarde es mi semana de descanso, delego tanto que casi casi me entra cargo de conciencia, pero bueno, es simplemente que me convierto en madre a media jornada.


jueves, 21 de agosto de 2014

Casi dos años después... vuelvo a ver películas!

Reconozco que no soy una gran aficionada al cine. No es que antes me pasara los fines de semana en el sofá viendo pelis y comiendo palomitas, pero es que casi dos años sin ver una película tranquila.... es demasiado tiempo, no?

He tardado mucho tiempo en recuperar un sueño nocturno reparador, esas noche en las que no te despiertas para nada, pero ahora han vuelto a mi vida y lo noto un montón, lo echaba de menos a horrores y estoy feliz por su regreso. La culpa no la tenía mi churumbel, que va! Él duerme del tirón desde hace mucho tiempo pero a mi me ha costado más recuperar esa rutina. El insomnio llegó a mis noches, tal y como contaba aquí, y ha tardado en marcharse.

Todo eso ha hecho que en todo este tiempo me haya estado acostando muy temprano, tan temprano que en la tele todavía era horario infantil y las películas que empiezan a las 22:30 me parecían horas intempestivas. Por tanto, los momentos en los que la paz y la tranquilidad reina en casa no los he aprovechado para ver cine.

Pero ahora a ver si me actualizo y me pongo al día con las películas que se han estrenado en los dos últimos años...



P. D.: He de confesar que tampoco he ido al cine en todo este tiempo y me parece que todavía para eso voy a tardar un poco...

jueves, 24 de julio de 2014

La visita del Opa

Antes de que mi marido y yo fuéramos padres, antes si quiera de que nada hiciera sospechar que algún día fuéramos a serlo, la gente ya nos decía: ¡Vuestros hijos hablarán tres idiomas! ¡Vuestros hijos sabrán alemán! Y yo contestaba: Pues sí, si algún día tenemos hijos supongo que hablaran lo que hablamos en casa...

Pero llegado el momento, llegué a tener mis dudas...

Desde que el pequeñín empezó a soltar prenda, lo único que ha salido de su boca siempre ha sido en su lengua materna, en euskera. Lógico, se pasa la mayor parte del día conmigo. Hace poco, desde que pasa más tiempo con una amiguita que es más charlatana, empezó a decir el famoso NOOOOOO en castellano, hasta entonces no contestaba a las preguntas (ni afirmativa ni negativamente), o como mucho lo hacía con la cabeza. Y yo le decía a mi marido: Oye, ¿qué pasa con el alemán? (Él es nativo de Alemania) ¿A ver si al final le vamos a tener que mandar a la escuela de idiomas?

Pero estas dos últimas semanas hemos tenido la visita de la familia alemana y he podido ver los progresos que ha hecho nuestro Pintxo en su lengua paterna. Aunque decir no dice mucho, he visto que entiende todo e incluso llegó a llamarle a su abuelito Opa. ¡Qué bien! Me quedo más tranquila. Dicen que los niños bilingües tardan más en soltarse a hablar. Tengo curiosidad por saber cómo será la fase en que mezcle todos los idiomas y si conseguiré que nos aclaremos entre todos. Veremos a ver... de paso yo podría aprovechar para aprender un poco más de alemán....


lunes, 21 de julio de 2014

Pippi Calzaslargas

Siempre había pensado que cuando tuviera un hijo le enseñaría la serie de Pippi para que disfrutara igual que lo hice yo. Es más, siendo ya mayorcita, mayorcita que ya estaba independizada, me regalaron la colección completa de la serie en DVD y ahora ha llegado el momento de sacarle partido.




Desde bien pequeñito yo ya le ponía a Pintxo frente al portátil para que estuviera entretenido mientras me duchaba. Le solía poner Baby Einstein, no para que me salga un cerebrito de niño, no soy tan ingenua, sino porque era lo único que le mantenía entretenido durante los 20 minutos que necesito para prepararme. Empezamos con Baby Mozart, luego Beethoven, según se iba haciendo mayor pedía más estímulos y empezamos con Van Gogh y Shakespeare, luego Baby da Vinci, Baby Newton, Old McDonald y al final la Orquesta. Se lo pasaba pipa el tío. Y cuando ya tocamos casi toda las disciplinas artísticas, decidimos cambiar de serie.

Hace poco empecé a ponerle capítulos de Pippi, también desde el portátil, y veo que está aún más formal que con Einstein. Es algo increíble de qué manera le ha enganchado. Ahora me da tiempo no sólo de ducharme sino de darme body milk, secarme el pelo, ponerme las lentillas, lavarme los dientes y hasta maquillarme un poco, y lo mejor de todo es que todo esto ¡a solas en el baño! A veces hasta se me olvida que Pintxo está en casa.

Ahora me tengo que agenciar del DVD que les regalé a mis padres y no lo usan para nada, para sustituir a aquel que se nos estropeó a nosotros y no lo hemos echado de menos porque ya no vemos películas. Pero ahora me apetece desempolvar la colección y volver a ver la serie en la tele, sentada en el sofá.





Y es que Pippi es la amiga que a todo niño le gustaría tener, una amiga cuya compañía garantiza aventura y diversión. Es la anarquía personificada y se hace querer por ser tan original, descarada, espontánea, simpática y creativa. Yo también me lo paso pipa viéndola!






¡Independencia!

No es un post sobre política. Aunque bien podría serlo, porque en la República Independiente de Mi Casa es eso precisamente lo que me falta, ¡Independencia!

A los 23 años, cuando terminé mis estudios, decidí marcharme de casa porque me agobiaba depender de mis padres, sobre todo económicamente, y eso que mis padres siempre me han dejado ser bastante libre... Desde entonces he hecho y he desecho a mi antojo, he ido y he venido cuando me ha dado la gana y he entrado y he salido cuando me ha apetecido. He sido muy independiente y he dado las explicaciones justas.

Vivir en pareja también ata, resta libertad pero al ser dos adultos que congenian bien cada uno puede seguir siendo independiente. Ahora bien, la cosa cambia radicalmente cuando una pare una criatura. Ya sabemos que los bebés humanos nacen totalmente desvalidos, dependen por completo de un cuidador para su supervivencia, sin él morirían en poco tiempo.

Y en esta casa, como en muchas, su cuidadora principal soy yo, su madre. Llevamos ya casi 20 meses el uno pegado al otro, salvo breves periodos de tiempo en los que he trabajado fuera de casa y me han recordado que todavía puedo socializar en entornos exclusivamente para adultos y puedo hacer trabajos que se salen del ámbito doméstico. (Ya hablaba un poco sobre ello en este post).

Ahora estamos en pleno 24 horas juntos y puedo afirmar que estoy desbordada. Mi paciencia está bajo mínimos y es que por las noches se me carga tan poquita que para las 10 de la mañana del día siguiente ya se me ha agotado otra vez, igual que la batería de un viejo móvil.

Lo que peor llevo de ser madre es la pérdida de mi independencia. Tengo todo el día libre pero no puedo hacer casi nada de lo que me gustaría hacer. No puedo estar tranquila con los amigos, no puedo hacer chapuzillas en casa (con lo que yo me entretenía antes...), no puedo ir de compras (aunque esto lo he solucionado en el shopping online), no puedo hacer planes de última hora (claro, hay que preparar el kit del niño, ropa, comida...), no puedo estar en casa sin hacer nada, tirada en el sofá viendo las horas pasar (uf, cómo echo de menos esto, para mi era como pasar el antivirus al ordenador, me quedaba como nueva. Ahora en cambio debo de estar llena de virus troyanos que me tienen alterado el sistema nervioso).

Ahora, me guste o no, tengo que levantarme por las mañanas a la voz de ¡Amaaaaaaaaaa!, tengo que salir un rato a la calle aunque caigan chuzos de punta, tengo que preparar algo de comer porque no podemos vivir de tortillas y macarrones y tengo que tener algo de cena preparada, porque la fiera llega hambrienta. Tengo que irme a casa en pleno día, cuando las calles más llenas están y cuando muchos de mis amigos (sin hijos) a los que ya casi no veo, acaban de salir... Y es que cuando te conviertes en madre parece que vives para complacer a ese pequeño ser que has engendrado, y si no le complaces no hay paz en tu vida.

Ya cuando estaba embarazada tenía el presentimiento de que ése iba a ser el único embarazo que yo iba a vivir. Después de que naciera Pintxo ya tuve la certeza de que no voy a volver a pasar por todo esto otra vez. Con una vez me basta. Siempre he pensado que el día que repartieron vena maternal yo debí de faltar a clase, y ahora es que no me queda duda. Menos mal que la ración que a mí me falta se la sirvieron otras mujeres porque si todas fuéramos como yo la raza humana ya se habría extinguido...


Envidia cochina

Es la sensación que despierta en mí el navegar a la deriva por internet, ENVIDIA. Y lo pongo en mayúsculas porque se ven auténticas delicias. Veo casas ideales, pulcras y ordenadas con decoraciones exquisitas y que, a veces, hasta las personas que lo habitan son perfectas. Esas habitaciones infantiles con ese aire nórdico, esas cunas de diseño, esas ropas de cama tan originales y esas Kanken (amarilla si puede ser) en algún rincón, hacen que lo quiera todo para mi!








Estoy enganchada a un blog de una familia encantadora donde todo siempre parece perfecto. Son jóvenes, son guapos, están siempre felices, viven en una ciudad fascinante, tienen dos niños preciosos  y un tercero de camino, todos se aman con locura y parecen salidos de una película. Cada vez que visito su blog me quedo con ganas de más y es que lo que proyectan con sus fotos contiene tanta belleza, sus palabras transmiten tanto amor hacia los suyos y tienen un estilo de vida tan interesante que, a veces, hace que mi vida parezca una sosez. Muchos seguro que ya habéis adivinado de quién hablo. Y me pregunto yo, ¿No discutirá nunca esta pareja? Esos niños que parecen tan adorables ¿no tendrán días en los que estén insoportables y lloren y pataleen por una razón indeterminada? ¿No se desquiciará esta mujer en ningún momento del día? Supongo que si son todos humanos, que aparentemente lo son, les pasarán también estas cosas, pero como no lo muestran hace que todo parezca sencillamente PERFECTO.










A veces, después de horas navegando por internet, me quedo con una sensación agridulce, como de tristeza. Como que me saturo de tanto bonitismo y tanta perfección y me crea por dentro una sensación extraña. Un sensación que tan solo se me ocurre definir como envidia, ni sana ni insana, simplemente envidia. Y como la envidia está mal vista no es fácil reconocer que una la padece, a pesar de que sea inevitable viendo lo que se ve por la red.

Si alguien es, además, masoca como yo que no se pierda este instagram de otra familia de guapos y estilosos con unas fotos bellísimas.


martes, 8 de julio de 2014

A dieta

Las últimas cuatro semanas las he pasado a dieta. Todavía no me lo creo ni yo pero os juro que es verdad. Todos los años, con la llegada de la primavera, me lamento de no haberme cuidado en invierno y de tener que volver a pasar por el trago de ponerme el bikini e ir a la playa.

Este año, a principios de junio, con un valor y un convencimiento nunca antes conocidos en mí, me decidí a ir a una nutricionista y ponerme seriamente a dieta.

No voy a decir que haya sido fácil, es más, os digo que he abandonado antes de tiempo...




Yo soy una persona muy golosa, me encantan los dulces, me encanta hacer bizcochos caseros y zamparmelos. A veces me pasa que hago una tarta por la mañana, me la voy comiendo poco a poco, como si así se comiera menos, y por la noche, cuando veo que ya falta más de la mitad, le pregunto a mi marido si le ha gustado y es cuando me dice que todavía no la ha probado... ¿Cómo? ¿En serio? ¿Que me he comido yo todo eso? Pues sí, eso me pasa... 

Y pensé que era hora de cambiar de hábitos, soy una yonki de los dulces y me tenía que desenganchar.

No he pasado hambre, pero sí mucha envidia. El segundo día de dieta ya me parecía que llevaba dos meses, y la primera semana se me hizo eterna. Para darme ánimos y no caer en las tentaciones no hacía más que pensar en cuando dejé de fumar. Así como entonces me repetía a mí misma muchas veces (y hoy en día todavía a veces) "soy una persona NO FUMADORA", ahora me digo a mí misma "soy una persona LIBERADA DE LOS DULCES".




Ha sido dificil resistirme no solo a los dulces, sino también a las cervecitas (no podía tomar ni la sin alcohol), a la comida hipercalórica (patatas fritas, rebozados, hamburguesas, salsas...) y LO MÁS DIFICIL: a no comerme los restos de comida que mi querido hijo deja. Tener que tirar un cremoso yogur griego, un petit suise, un buen queso curado, una pechuga de pollo empanada, unas croquetas, la mitad de un Magnum... Todo eso ha sido una pesadilla, una tortura A parte de un gran desperdicio, pero como se suele decir en estos casos ¡MEJOR A LA BASUNA QUE A LA CINTURA!

Han sido cuatro semanas y cuatro kilos, que no está mal. Mi objetivo eran cinco kilos, pero me planto. Ahora me queda un trabajo más dificil si cabe, MANTENERME. Dicen que después de 21 días las costumbres se convierten en hábitos. Ya veremos, por lo pronto yo me muero por comerme una pizza y un buen helado.




jueves, 19 de junio de 2014

La sábana fantasma, ese invento del diablo

Lo que para algunos es la panacea, yo la he bautizado como la sábana diabólica.



Hace una par de semanas, sin planearlo demasiado, de pronto nos dimos cuenta de que estábamos montando la cama en la habitación de Pintxo y que eso significaba que había que desmontar la cuna. Yo llevaba tiempo pensando en cómo quería que fuera la cama. Quería algo a ras del suelo y algo que pudiéramos hacer nosotros mismo. Teníamos el colchón y el somier en casa de mis padres y teníamos que montar un cabecero y una estructura para sujetar el colchón. Pues bien, nos pusimos con el cabecero, después la estructura y para tomar bien las medidas acabamos trayendo todo a casa y montándolo el mismo día.

Hasta ahora en la cuna Pintxo había dormido dentro de un saco, era la única manera de que no se destapara y al pasarle a la cama pensé que con la famosa sábana resolvería el problema del destape y de paso evitaría que se cayera aunque la altura es muy pequeña.

Pues bien, debe ser que nuestro niño se mueve y se retuerce como la niña del exorcista porque se hacía un ocho en cuestión de segundos, me lo encontraba hecho un churro antes de que se llegara a dormir y a oscuras era realmente complicado deshacer el entuerto.

Realmente no sé cómo pueden dormir los niños sin llegar a estrangularse porque con lo que se mueven normalmente es muy fácil hacerse un lío. El cuarto día por la mañana vi que tenía una marca roja en la zona del cuello que bajaba hacia la axila en forma de tirante. Me di cuenta que era debido a la presión de la sábana en una de esas posturas imposibles. En ese momento pensamos que ese método no era para nosotros. Hemos vuelto al saco de dormir y aunque ya son dos las veces en las que nos lo hemos encontrado en el suelo, hemos notado que duerme mejor, más libre y más agusto.

En fin, menos mal que en esto de la puericultura hay mil opciones y cada uno que elija lo que mejor le funciona.


martes, 17 de junio de 2014

Empatía

En esto de la maternidad es sumamente importante buscarse aliadas con quien compartir tus miserias, ya no valen que sean solo tus amigas porque si esas amigas no han pasado por lo mismo que tú, nunca te entenderán...

Ojito a quien le cuentas lo harta que estás de lavar tanta ropa enana, de preparar comidas que acabarán en el cubo de la basura o las ganas que tienes de empezar a trabajar para poder ser madre a jornada parcial. No todo el mundo te comprenderá, es más, habrá quien te mire mal y sin decirte una palabra te haga sentir una ¡malamadre!

En la maravillosa aventura de ser madre, como en muchas otras cosas, no es lo mismo vivirlo que contarlo. Y si no vives el estrés, el cansancio, la hartura, el agobio, la monotonía, no sabes de qué te están hablando. Al igual que si no tienes hijos no sabes el amor que se puede llegar a sentir por ellos o la felicidad que se puede recibir de ellos.

Para mí son sentimientos que si no los vives no puedes empatizar, y a veces, aunque hables con otras madres, si a ellas no se les crispan los nervios al final del día, no tienen ganas de mandarlo todo a la porra en algún momento o no se han arrepentido alguna vez de haber optado por quedarse embarazadas en lugar de adoptar un perro, no pierdas el tiempo, no vas a encontrar el apoyo que buscas y además te van a mirar raro.

Meinemamimemima, te dedico este post en respuesta al tuyo, yo te comprendo, los niños no tienen piedad... ;)


martes, 20 de mayo de 2014

DIY y alargar la vida útil de la ropa de los niños

Para este verano se me ha ocurrido aprovechar unos pantalones de chándal de Pintxo que ya le quedaban cortos y transformarlos en cómodos y fresquitos shorts.

El procedimiento no puede ser más sencillo, solo se necesita la prenda en cuestión y unas tijeras. En este caso yo he elegido unos pantalones de H&M y tijeras para tela de Ikea. He hecho un experimento previo con tijeras de cocina y merece la pena comprarse unas para tela.


 
La medida la he cogido a ojo, primero una pierna y con esa referencia la otra al mismo tamaño (que en la prueba hice las dos a ojo y me parece que necesito pasar por el oculista...)

Con los trozos sobrantes todavía no he hecho nada pero, se me ocurre que podrían valer para que a la hora de comer no se manche los puños, el mío que todavía come como un animal se pone perdido, lo malo es que no me deja ponérselos. Yo por si acaso los voy a guardar...
¡Y este es el resultado! He quedado muy satisfecha y desde que se los hice se los he puesto un montón. No me da ninguna pena que se manchen, son ideales para la playa, el monte y todo lo que sea arrastrarse por el suelo. En la foto de la derecha están los pantalones que corté primero, con tijeras inadecuadas y sin medidas precisas, pero para la huerta vales igual, solo faltaba!

Ya tengo en mente hacer lo mismo con camisetas de manga larga y pijamas... Les voy a dar un uso a esas tijeras que pa qué! Ya os iré contando...




viernes, 9 de mayo de 2014

Pared a rayas

Las últimas semanas me he puesto las pilas para redecorar la habitación de Pintxo. Ahora que nos hemos decidido a no moverle de habitación y dejarle donde está, era el momento de pensar en una decoración a largo plazo.

Todavía duerme en cuna, aunque ya pasa del año y medio, pero hasta que no nos decidamos por la cama perfecta ahí se va a quedar.

De momento hemos pintado una pared a rayas y es lo que os muestro a continuación. La inspiración ha venido de varias páginas de internet, que pinchando sobre la imagen os llevará a la pagina web.




Y esta es la pared que fuimos a pintar. El fondo es de un gris claro y las rayas las hemos hecho de gris más oscuro.


La tarea más difícil fue tomar las medidas y poner recta la cinta de carrocero en una pared que no está recta, pero gracias al mozo de mi casa, lo hicimos!



Y así es como quedó. Es un trabajo sencillo y muy lucido, aunque hace que la habitación parezca más pequeña así que, habrá que tenerlo en cuenta para espacios pequeños. Ahora nos queda poner fotos y alguna estantería.


domingo, 4 de mayo de 2014

El día de la MADRE

Nunca he sido de comprar regalos por el día de la madre, tampoco por el del padre ni por san Valentín, siempre me han parecido puro marketing, pero es que ahora me doy cuenta de que cualquier regalo es poco, y un día al año no es suficiente para recompensar el trabajo de madre.

Este video me ha conmovido y se lo dedico a todas las madres del mundo.
Felicidades a todas!



viernes, 2 de mayo de 2014

Hay que probar de todo

Hace unas semanas llevé a Pintxo a su revisión de los 18 meses. La visita al médico, como a la mayoría de niños, no le hace especial ilusión, es más, se pone a llorar como un energúmeno nada más tumbarle en la camilla.

Pero esta vez fue diferente, Pintxo se mostró dócil y receptivo, hasta simpático a ratos. Y ni siquiera en el momento de la vacuna soltó una lágrima, algo inaudito.

Y bueno, entre otras cosas el pediatra me comentó que mientras son aún pequeños lo importante que es que a la hora de comer prueben de todo, que si no lo hacen ahora es más difícil que de más mayores coman variado.

Pues al parecer, Pintxo, fue tomando nota de todas las indicaciones de su querido doctor y al día siguiente mientras jugaba en la playa decidió probar un nuevo bocado.

Yo lo vigilaba desde una distancia prudencial mientras hablaba con una amiga, ya sabéis, con un ojo apuntando al niño y el otro hacia la amiga, y ya vi que había cogido algo en una mano. Sin darle importancia porque le encanta recolectar palos y palitos dejé que se alejara un poco más y vi que se metía algo en la boca afanosamente. Dejé a mi amiga con la palabra en la boca, como otras tantas veces desde que tengo un hijo, y corrí donde Pintxo a ver lo que tenía en la mano.

Había llegado el día que tanto había temido, después de destrozarme los riñones agachándome a sacarle de la boca todas las cáscaras de pipa en su etapa gateadora, después de hartarme a decirle que las colillas son caca y que los gusanitos del suelo no se comen, va él y prueba la auténtica y genuina CACA, una gran caca de perro. Pero a él no perecía que le hubiera disgustado tanto, es más lo que le aturdió fueron mi grito de asco y mis arcadas ante semejante descubrimiento.

Aún hoy, solo de pensarlo, se me revuelve el estómago. No sé si llegó a comer algo pero que lo probó, fijo. Espero que a él no le haya dado por introducirlo en su dieta y le dé por volver a probarlo.

He aquí la escena del crimen

viernes, 11 de abril de 2014

Echo de menos echarte de menos

Para mucha gente ya han llegado las vacaciones de Semana Santa, sobre todo para los niños (qué alegría, que emoción). A partir del lunes tendrán todo el día libre y los padres afortunados que también tengan vacaciones se lo pasarán en grande entreteniendo a sus retoños.

A mí me suele pasar justo al revés. Tengo todos los días del año para dedicárselos a mi churumbel, excepto los periodos vacacionales (es lo que tiene ser la sustituta) como navidades, semana santa y verano. Muchos pensarán, "¡pues que putada!" pero yo, como todo el mundo, suelo estar deseando de que lleguen estas fechas.

Me siento afortunada por haber podido pasar tanto tiempo junto a Pintxo este primer año y medio de su vida. Lo he disfrutado un montón, he visto su evolución día a día, minuto a minuto me atrevería a decir, y soy consciente de que eso es impagable porque estos años no se vuelven a repetir.

Pero es que 24 horas al día juntos durante un montón de días seguidos llega a cansar. Necesito que corra el aire un poco y sobre todo cambiar de tareas. Necesito hacer más cosas aparte de compras, comidas, meriendas, cambios de pañales, cambios de ropa, jugar al pilla-pilla, al cucu, de ir a los columpios, de recoger palos... Así que estoy la mar de contenta porque a partir de la semana que viene me libro de esas cositas aunque solo sea en parte, y podré dedicarme a otras sin que un enano me interrumpa todo el rato.

En definitiva, estoy deseando echar de menos a Pintxo y que también él me eche de menos a mí, así apreciaré más y mejor el tiempo que pasamos juntos.

lunes, 10 de marzo de 2014

A quien madruga Dios le ayuda

Si lo que dice el título es cierto, yo me pido el bote del euromillón de esta semana! Siempre me ha sabido a consuelo este refrán y curiosamente nunca me he acordado tanto de él como últimamente, y eso que no madrugo tanto, lo reconozco.

Se dice que después de tener hijos ya no se duerme igual que antes, ¡y qué verdad! Aunque ya llevemos muchos meses durmiendo del tirón la calidad de mi sueño deja mucho que desear y ahora encima, también me toca madrugar!

Yo me sentía afortunada porque mi querubín desde que empezó a dormir toda la noche lo hacía hasta las 8:30 o 9 de la mañana, que es una hora estupenda y yo le quería cada día más por ser tan considerado con su madre y querer reparar todos lo daños psíquicos ocasionados por la falta de sueño de los primeros meses.

Pero parece ser que empieza a pensar que tal vez me estoy convirtiendo en una marmota y que es más divertido tocar las narices desde bien temprano.
Cuando era más pequeño y se despertaba temprano, tomaba el biberón de desayuno y seguía durmiendo hasta las 9. Ese era mi momento de gloria, si quería me volvía a meter en la cama y si me apetecía ducharme y desayunar tranquila me levantaba y empezaba el día.

Ahora es otro cantar.

Puede que sea porque junto con la llegada de la primavera el día se está haciendo más largo y amanece antes, pero yo ya me cercioro por las noches de que la persiana se quede bien bajada y no entre ni gota de luz. Pero nada. Lo que antes era excepción ahora se ha convertido en regla, y a las 7:30 de la mañana el pequeño ruiseñor ya me está llamando.

Ahora ya no funciona lo de el biberón y vuelta a dormir, y mira que lo intento. Incluso me lo llevo conmigo a la cama a ver si concilia el sueño, pero tampoco. Remoloneamos un rato los dos y cuando me canso de tortazos que pretendían ser caricias, tirones de pelo, pellizcos de nariz y estiramientos de orejas, decido encender la luz, resignarme y empezar el día. Así por lo menos el reloj ya marca más de las ocho que moralmente me da un empujón.

¡Feliz semana!

miércoles, 5 de marzo de 2014

Pájaro carpintero

Muchas veces se dice que a un niño le regalas un juguete y que acaba jugando con la caja. Yo lo había escuchado pero ahora lo he podido comprobar. Solo tengo un niño y en sus 17 meses no le he comprado muchos juguetes pero hemos acumulado los suficientes como para hartarme a recogerlos 200 veces al día. Y es que para él todavía lo más divertido es desperdigarlos por toda la casa y que los recoja otro! Vamos, básicamente yo misma.

Le he hecho algún que otro juguete aprovechando las cajas de la leche en polvo o los cereales, inspirados en la propuesta que se ve en la imagen de abajo, que también se aburren de estos juguetes, pero no pasa nada porque acaban rotos y en la basura, en vez de arrinconados en casa ocupando sitio. Esta idea pertenece a la fantástica web de Made by Joel, una mina de ideas e imprimibles para hacer con y para niños.

http://madebyjoel.com/2012/08/cereal-box-coin-roller-toy.html



¡Estoy deseando que mi nene crezca un poco más para entretenernos con el pájaro carpintero!


http://madebyjoel.com/2013/06/oscillating-bird-science-toy-for-kids.html

http://madebyjoel.com/2013/06/oscillating-bird-science-toy-for-kids.html

http://madebyjoel.com/2013/06/oscillating-bird-science-toy-for-kids.html



miércoles, 26 de febrero de 2014

Despertares simultáneos

El concepto de los despertares simultáneos lo leí una vez en un libro que ni siquiera trataba ese tema, era un libro feminista, que no recuerdo ni el título ni la autora (sorry), que decía que la maternidad es la nueva esclavitud para las mujeres. Pero ese no es el tema que quiero tratar hoy.

Durante mi embarazo comencé a sufrir de insomnio, me despertaba de madrugada y me costaba muchísimo volver a conciliar el sueño. Pasé la mayoría del embarazo en paro, por tanto ese trastorno no suponía gran problema porque tenía todo el día para recuperarme. La gente me decía que me serviría para ir acostumbrándome a lo que se me venía encima, ¡pues maldita la gracia! Pensaba yo, porque a eso no creo que una se pueda acostumbrar jamás... como mucho se puede aprender a sobrevivir con ello.

Sobra decir que al nacer mi hijo la calidad del sueño empeoró. Durante el primer mes se despertaba cada dos horas a mamar y pese al agotamiento que yo tenía, entre toma y toma, a veces no conseguía volver a dormirme. El estado de alerta en el que me encontraba era tal que a veces soñaba que el bebé lloraba y con eso me despertaba para darme cuenta de que había sido en sueños.

Después me empezó a pasar que me despertaba de pronto por la noche, igual que en el insomnio del embarazo, y a los pocos minutos el bebé también se despertaba para la toma. Al principio pensaba que seguramente el niño habría hecho algún ruido, yo me habría despertado y al rato el bebé volvía a llamarme. Pero es que me pasaba tan a menudo que empecé a creer que tenía telepatía con mi hijo! (jajajaja) Hasta tal punto que cuando me despertaba por la noche intentaba con todas mis fuerzas volver a dormirme para que el bebé no se despertara conmigo. Qué paranoia! Se lo contaba a mi marido y me tomaba por loca, aunque lo comenté con una amiga que había tenido una niña 3 semanas antes que yo y me dijo que a ella también le pasaba algo similar. 
Y es que a mí esto me ha pasado incluso después de haber dejado las tomas nocturnas y cuando el niño ya duerme toda la noche, aún hoy cuando me despierto de madrugada, porque el insomnio aunque ha mejorado no ha desaparecido, intento dormirme muy rápido por si acaso.

Por eso cuando en este libro, de cuyo título no puedo acordarme, leí lo de los despertares simultáneos pensé que no estaba loca, que si alguien le había dado hasta nombre sería porque a alguien más le había pasado. Es verdad que, en realidad, el libro no profundizaba en el tema, solo lo mencionaba de refilón o sea que, es posible que ni siquiera se refiriera a lo que me pasaba a mí, pero el nombre se ajusta tan bien.....